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Descubre algunas de las islas de nuestro litoral a las que se puede llegar... andando

Descubre algunas de las islas de nuestro litoral a las que se puede llegar... andando
A lo largo de nuestras costas hay varios ejemplos de islas a las que es posible acceder a pie pero siempre teniendo en cuenta las mareasEl idioma de España que no tiene letras ni palabras y solo se habla en una pequeña islaEn esta isla griega, de tamaño parecido a la de El Hierro, sus habitantes suelen vivir 100 años Con casi ocho mil kilómetros de costa, España alberga un conjunto fascinante de islas de todos los tamaños, estilos y repartidas por toda la península… además de las Islas Baleares y las Islas Canarias. Pero, curiosamente, hay islas poco conocidas a las que se puede llegar… andando. Son peñones costeros que desafían la noción tradicional de acceso, en avión o en barco, permitiendo a los agradecidos visitantes llegar a pie, ya sea a través de puentes o, en ocasiones, cuando la bajamar deja ver un sendero para llegar hasta ellas. Esta peculiaridad se observa en diversas regiones, desde el Cantábrico y el Atlántico hasta el Mediterráneo, donde las mareas vivas permiten descubrir y recorrer caminos de arena o piedra. En Galicia, por ejemplo, la isla de Cortegada, ubicada en la ría de Arousa, es parte del Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas y es conocida como el “bosque flotante” por su densa masa forestal, que incluye uno de los mayores bosques de laureles de la península ibérica. Aunque lo común es acceder en barco o kayak, también es posible caminar hasta ella desde el puerto de Carril a través del histórico Camiño do Carro, un antiguo sendero natural que emerge solo unos pocos días al año con la bajamar. Se puede explorar su interior, descubriendo su historia, biodiversidad y rincones menos conocidos. La travesía, de aproximadamente hora y media, debe realizarse con precaución debido a la rápida subida de la marea y para respetar el trabajo de los mariscadores. La isla Plana, en Cartagena, ofrece un entorno natural casi intacto Sin salir de Galicia, en la provincia de Pontevedra, se encuentran otras islas accesibles. La isla de La Toja está conectada por un puente con la villa de O Grove y es famosa por sus aguas y barros termales, además de ofrecer actividades como golf, submarinismo y visitas a la antigua fábrica de jabones que lleva el nombre de la isla. La isla de Santo do Mar, en el municipio de Marín, de apenas 1,63 hectáreas, es accesible a pie por un istmo que se forma con la bajamar y conserva restos de una capilla del siglo XVIII. La isla de Arousa se une a tierra firme mediante uno de los puentes más largos de España, de casi dos kilómetros, y ofrece 11 kilómetros de playas de arena fina y blanca, además de un parque natural para la observación de aves. Finalmente, la isla de Toralla, en la ría de Vigo, permite el acceso público a su playa de 200 metros, dividida por el puente que la conecta con la costa. Trasladándonos hasta la región de Murcia, aquí podemos encontrar y descubrir sin necesidad de ningún barco la isla Plana, que es parte del municipio de Cartagena y que debe su nombre a su perfil bajo y plano. Este pequeño islote es accesible a pie durante la marea baja, ofreciendo un destino distinto con un entorno natural casi intacto. Forma parte del espacio protegido denominado Islas e Islotes del Litoral Mediterráneo y es conocida por sus praderas submarinas de posidonia, siendo un lugar popular para el buceo y el submarinismo. Además, todo aquel que la visite también puede aprovechar la ocasión para explorar la Cueva del Agua. Aves, balnearios y leyendas En el País Vasco, la isla de Txatxarramendi, también conocida como Montenegro, es una diminuta isla en la desembocadura del río Oka, dentro de la Reserva Natural de Urdaibai. Su particular encanto reside en que, con la marea baja, es posible caminar hasta ella desde la orilla o la playa de Toña, aunque también cuenta con un puente. La isla es un jardín botánico con encinas y madroños, y alberga los restos de un lujoso hotel balneario activo entre 1896 y 1947. Ofrece una experiencia única, combinando su belleza natural con una interesante historia turística. De igual manera y en este caso frente al pueblo vizcaíno de Lekeitio, se encuentra la isla de San Nicolás o Garraitz, a la que solo se puede acceder cuando la marea baja descubre un camino de piedra o cemento que la conecta con tierra. Esta isla, que sirvió como refugio para piratas, es un parque arqueológico donde se han encontrado restos como pólvora de la guerra de la Independencia, cañones y monedas de los siglos XIV y XV. Si nos desplazamos ligeramente hacia el oeste, en la costa cántabra uno puede acceder andando a la isla del Castro, frente a la playa de Covachos, en Santa Cruz de Benaza (o Soto de la Marina). En este caso se trata de un peñón virgen que se conecta con la arena mediante un fino istmo o tómbolo durante la bajamar. Esta isla, hábitat de numerosas especies de aves, presenta cuevas en sus paredes rocosas formadas por la erosión. Cerca de ella se encontraron los restos de un galeón británico hundido en el siglo XVII. Sin salir de la costa cantábrica pero ya en tierras asturianas, la playa de Cué, en Llanes, es el punto de acceso a La Islona, uno de los tres islotes que emergen con la bajamar. Cubierta de césped, esta isla conserva los restos de un antiguo refugio de pescadores. Con la pleamar, el arenal se transforma en piscinas naturales de aguas cristalinas. Se trata de otra de esas grandes experiencias para vivir por parte de aquellos a los que les fascina el mar, las mareas que provocan tantos cambios en las playas y las pequeñas islas que aguardan historias, leyendas y un paisaje muy virgen a salvo de, por ejemplo, construcciones que perjudiquen la fauna y la flora de la propia isla. En cualquier caso siempre es recomendable, para visitar estas islas, hacer caso de los consejos de los expertos y lugareños, que conocen perfectamente las condiciones en las que sí es posible acceder a pie a estas islas sin ponernos en peligro. Porque para acceder de esa manera se depende de las condiciones naturales del momento, se requiere extremar las precauciones y, en muchos casos, consultar las tablas de mareas para garantizar una experiencia segura y placentera, evitando quedarse aislados, ya que el agua del mar sube rápidamente.

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