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Madrid no siempre fue el universo: estas son las otras ciudades que han sido capital de España

Madrid no siempre fue el universo: estas son las otras ciudades que han sido capital de España
Historia - Desde 1939, Madrid ha mantenido su papel como sede estable del Gobierno, después de décadas marcadas por cambios que respondían a intereses estratégicos o urgencias históricas de cada momento.¿Por qué Madrid no debería haber sido nombrada capital de España? Todo queda lejos de Madrid. Las distancias en España se miden en relación con la capital, como si cualquier punto del mapa solo existiera en función de lo lejos que esté de la Puerta del Sol. Las carreteras nacionales salen de Madrid como radios desde un eje absoluto, y hasta las decisiones administrativas o políticas giran a su alrededor con la inercia de un centro de gravedad permanente. La percepción colectiva española ha situado a esta ciudad en el núcleo de lo institucional, lo económico y lo simbólico. De ahí que Madrid haya terminado por consolidarse como sede permanente del poder desde 1939, tras un siglo de idas y venidas entre otras capitales transitorias. Cádiz asumió el mando político durante la ocupación francesa y proclamó la primera Constitución Esa continuidad, sin embargo, no ha sido siempre habitual. La historia de España ha pasado por múltiples traslados de capitalidad, algunos breves, otros estratégicos y varios directamente impuestos por urgencias militares. Cádiz, por ejemplo, asumió ese papel entre 1810 y 1813, cuando la invasión napoleónica obligó a reubicar el centro político. Aquel movimiento convirtió a la ciudad en epicentro institucional, lo que permitió la proclamación de la primera Constitución española. Como recogió el Centro de Interpretación de las Cortes de Cádiz, “la Constitución fue aprobada el 19 de marzo de 1812”. Toledo fue elegida por los visigodos y recuperó su papel político con Carlos I Mucho antes de eso, la capitalidad pasó por Toledo, cuando Atanagildo trasladó allí el poder visigodo en el año 567. Esa decisión convirtió la ciudad en la sede de la monarquía durante décadas, hasta la llegada de los musulmanes Los visigodos se instalaron en Toledo Siglos más tarde, Carlos I volvió a elegirla como capital del Imperio entre 1519 y 1561. Fue precisamente al cierre de ese periodo cuando Felipe II fijó la Corte en Madrid, lo que dio lugar a un crecimiento acelerado en lo urbano, lo institucional y lo económico. El Duque de Lerma trasladó la corte a Valladolid durante cinco años El carácter central de Madrid no impidió que la Corte se moviera de nuevo, esta vez por voluntad del Duque de Lerma. En 1601, el valido de Felipe III consiguió trasladar la capitalidad a Valladolid, una ciudad donde también residió Cervantes. Cinco años después, la decisión se revocó y Madrid recuperó su papel central. Aquella fugaz capitalidad dejó huella en el trazado urbano de Valladolid, que todavía conserva palacios vinculados a aquella etapa. Valencia y Barcelona acogieron al Gobierno republicano en plena Guerra Civil Ya en el siglo XX, las urgencias de la Guerra Civil provocaron nuevos cambios. Entre noviembre de 1936 y octubre de 1937, el Gobierno republicano se instaló en Valencia para alejarse del frente de Madrid. La sede de las Cortes se ubicó en el Palacio de los Borja, que aún hoy alberga a las instituciones autonómicas. El avance del conflicto provocó un nuevo traslado hacia Barcelona, donde se mantuvo el Ejecutivo hasta principios de 1939. Burgos funcionó como centro político de los sublevados hasta el restablecimiento en Madrid Apenas unas semanas más tarde, Burgos asumió la capitalidad de la España sublevada. Ese periodo se limitó al tramo final de la guerra, entre el 1 de abril y el 18 de octubre de 1939, y concluyó cuando Franco estableció de forma definitiva la sede del Gobierno en Madrid. La Fundación Nacional Francisco Franco indica en sus documentos que “Madrid fue restaurada como capital al terminar la guerra”. Cangas de Onís tuvo un papel fundacional en el origen del poder asturiano Hubo también capitales con funciones fundacionales, como Cangas de Onís, que fue la primera sede del Reino de Asturias tras la victoria de Covadonga. La Fundación Don Pelayo explica que “Cangas de Onís fue el centro del poder asturiano entre 722 y 774”. Aquella etapa marcó el origen de lo que más tarde se consolidaría como una estructura estatal cristiana. Sevilla albergó el poder durante la guerra contra Francia y en la estancia de Felipe V El Real Alcázar también fue residencia del rey Otra ciudad que jugó un papel central en distintos momentos fue Sevilla. En 1808, al comenzar la guerra contra las tropas francesas, la Junta Central se instaló en el Real Alcázar, otorgando a la ciudad el estatus de capital hasta su rendición en 1810. Un siglo antes, entre 1729 y 1733, ya había sido residencia real con Felipe V, aunque en esa ocasión se trató de una estancia más prolongada que de una designación formal. Barcelona tuvo una función destacada en la etapa visigoda En el extremo opuesto del país, Barcelona también ha tenido momentos de centralidad. Además de ser capital provisional en 1937, cuando el Gobierno republicano se instaló allí tras abandonar Valencia, fue la primera sede regia visigoda. En el Museo de Historia de Barcelona se conservan restos de ese periodo visigodo que conectan la ciudad con sus orígenes como Barcino. Por lo tanto, lo largo de los siglos, varias ciudades han acogido los centros de poder en España, en función de su relevancia política, militar o geográfica. Sin embargo, fue la estabilidad posterior a la Guerra Civil la que consolidó a Madrid como eje permanente del país, dando lugar a la centralidad simbólica y funcional que conserva hoy en día.

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