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No todo vale: las reglas que hay que seguir en la Tomatina de Buñol

No todo vale: las reglas que hay que seguir en la Tomatina de Buñol
Estos son los consejos para evitar que la lucha de tomates más famosa del mundo se convierta en una batalla campal con graves consecuenciasEl tomate es protagonista: cinco recetas no tan típicas que puedes hacer usándolo para refrescarte el paladar Un mar rojo. Eso acaba siendo Buñol el último miércoles de cada agosto. Este municipio de Valencia Podría ser conocido por su castillo, por el Molino del Galán o por la Ruta del Agua, pero la fama le llegó principalmente por una tradición tan peculiar como catártica: la Tomatina. Una fiesta que este año tiene lugar el 27 de agosto y que en 2002 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional. Consiste en una batalla de una hora en el que miles de participantes, del pueblo y de fuera, se lanzan tomates como si no hubiera un mañana. La guerra alimentaria más célebre del planeta, que empezó siendo una reyerta juvenil, se ha convertido en un fenómeno global que, tras décadas de prohibiciones y protestas, hoy es un símbolo de libertad, risas, desahogo y terapia colectiva. Todo empezó en 1945, cuando durante las fiestas patronales, un grupo de jóvenes intentó colarse en el desfile de Gigantes y Cabezudos. Se cayó al suelo, y ciego de ira, agarró tomates de un puesto cercano y los lanzó contra sus rivales. Así nació un caos espontáneo que las autoridades prohibieron en los años 50 incluso con detenciones. Pero el vecindario respondió con ingenio y organizó, en 1957, “el entierro del tomate”. Un cortejo fúnebre con ataúd incluido recorrió las calles mientras una banda tocaba marchas solemnes. La presión social triunfó y el ayuntamiento legalizó la batalla bajo reglas estrictas. El salto a la fama llegó con un reportaje de TVE en 1983. En 2002 recibió el título de Fiesta de Interés Turístico Internacional y con el éxito vino la masificación: en 2013 llegaron a Buñol 45.000 personas, superando 10 veces la población local, y en 2024, el 70% de asistentes fueron extranjeros. Todo cambia, pero las reglas y las recomendaciones permanecen ahora en una web que asegura que seguirlas hará “que el festival sea divertido para todos”: Regla número 1: No meter botellas ni objetos duros, pues se pueden producir accidentes y dañar a los compañeros de batalla. Regla número 2: No romper ni lanzar camisetas, ni propias ni de los demás. Regla número 3: Aplastar los tomates antes de lanzarlos; el golpe será menos contundente. Regla número 4: Mantener una distancia prudencial con los camiones que descargan los tomates. Regla número 5: Dejar de lanzar tomates al oír el segundo disparo. Regla número 6: Seguir las indicaciones del personal de seguridad. Para disfrutar la fiesta sin preocupaciones, siempre está bien repasar estas recomendaciones que liberarán al visitante de pensamientos como: “¿Cómo quitaré las manchas?” “Tendré que hacer una lavadora a 60ºC” “¿Dónde está mi chancla”? “¡Mis ojos, mis ojos, me escuecen los ojos!” “¡Se me ha caído la cámara y está pringadísima de tomate!”: Llevar ropa vieja o que no se use más; lo más probable es que acabe para tirar. ¿Lo ideal? Camiseta blanca. Elegir zapatillas cerradas que luego se desechen, pero que se mantengan en los pies; es preferible a las chanclas, que se pueden perder en la batalla del tomate. Usar gafas de bucear. El ácido del tomate pica mucho en los ojos, pero limpia la piel que da gusto. ¡Exfoliación natural! Hacer fotos con una cámara resistente al agua y a las caídas, o equiparla con una funda protectora. Si no eres de Buñol, más vale reservar alojamiento con tiempo. Llegar pronto. A las 7 hse cierra el acceso en coche al casco urbano y solo se puede entrar andando. Disfrutar al máximo. ¡Es una gozada liberar adrenalina dando tomatazos! La ceremonia del palo-jabón: el pistoletazo de salida A las 10 h de la mañana, un palo de 6 metros preside la plaza de Buñol. Untado en grasa y coronado por un jamón, se yergue ante miles de miradas. Los más valientes escalan la estructura resbaladiza mientras la multitud corea: ¡“Agua, agua!” para aliviar el calor. Cuando alguien logra desprender el jamón, pasan dos cosas: la primera, que se lo lleva. La segunda, que empieza la batalla del tomate. Siete camiones descargan 120.000 kilos de tomates pera que son zumo en cuestión de una hora. Secretos a voces Durante muchos años, la Tomatina fue criticada por derrochar un alimento tan valioso como el tomate. Sin embargo, cada uno de los que se tiran ya había sido desechado previamente para el consumo por su sabor insípido y su textura blanda. Por cierto, que son tomates con identidad: la variedad pera proviene exclusivamente de la Vall d'Albaida (Valencia). Hay voces que denuncian que esta tradición supone un gasto y un esfuerzo municipal de limpieza. Sí, es cierto que el pueblo queda teñido de rojo, pero también hay que reconocer que el ácido del tomate desinfecta los adoquines y bomberos y vecinos dejan las calles impolutas en tres horas usando agua de canales locales. Desde 2013, Buñol también celebra la Tomatina Infantil, un evento especialmente diseñado para que los niños de 4 a 14 años puedan disfrutar de su propia batalla de tomates, con medidas adaptadas a su edad, en un entorno seguro y controlado y con tomates más blandos. Esta versión infantil suele realizarse unos días antes de la Tomatina principal y permite que los más pequeños vivan la emoción de la fiesta, chapoteando en tomates bajo la supervisión de monitores y organizadores. La fiesta del desahogo, las risas y la adrenalina la han copiado en Colombia, China, California e incluso en la India, aunque un ministro del estado indio de Karnataka la llegó a vetar: “Desperdiciar comida es inmoral cuando hay hambre”. Más allá del caos, la tomatina es terapia colectiva, risas bajo el zumo del tomate y el reclamo turístico de un pueblo que vive las fiestas con intensidad.

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