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Qué es el Año Santo Compostelano y por qué cambia la experiencia del Camino de Santiago

Qué es el Año Santo Compostelano y por qué cambia la experiencia del Camino de Santiago
Cuando el 25 de julio cae en domingo, Santiago se transforma: más peregrinos, indulgencias plenarias y "la Puerta Santa"Descubre el capítulo anterior a este: otros caminos en Europa más allá del Camino de Santiago Con este texto llegamos al final de esta serie dedicada al Camino de Santiago, un recorrido que empezó explorando su origen, siguió por sus rutas, símbolos y consejos, y que ahora se cierra con uno de sus momentos más especiales: el Año Santo Compostelano. Un acontecimiento que transforma la experiencia del peregrino y que ocurre con una frecuencia marcada por el calendario… y por la fe. ¿Qué es un Año Santo? Se llama Año Santo Compostelano cuando la festividad del Apóstol Santiago, el 25 de julio, coincide en domingo. Esto sucede en un ciclo irregular de 6, 5, 6 y 11 años, aproximadamente cada década. En esos años, la ciudad de Santiago vive un auge de peregrinos, celebraciones religiosas y significado simbólico. El primer Año Santo del que se tiene constancia fue en 1428, aunque el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia llegó dos años después, en 1434, gracias al papa Calixto III. Desde entonces, estos años son considerados momentos excepcionales para quienes hacen el Camino de Santiago con motivaciones religiosas o espirituales. La Puerta Santa y la indulgencia plenaria Uno de los actos más esperados del Año Santo Compostelano es la apertura de la Puerta Santa, situada en la Praza da Quintana, justo detrás de la catedral. Esta puerta, sellada con cemento desde el último día del año anterior, se abre en una ceremonia solemne cada 31 de diciembre que precede al año jubilar. El arzobispo golpea tres veces con un martillo de plata para derribar el muro y permitir el paso. Atravesarla se convierte en un gesto simbólico de purificación y perdón. En los Años Santos, los fieles pueden obtener la indulgencia plenaria, es decir, el perdón total de sus pecados, siempre que cumplan tres requisitos: confesar, comulgar y rezar por las intenciones del Papa. Una Compostela distinta Durante el Año Santo, el ambiente en la ciudad cambia. La afluencia de peregrinos se multiplica, se programan actos litúrgicos especiales, y muchos aprovechan la ocasión para hacer el Camino de Santiago con un objetivo doble: alcanzar Compostela y cruzar la Puerta Santa en busca del jubileo. La Iglesia, por su parte, intensifica los servicios religiosos y de acogida. La Catedral de Santiago permanece abierta con un ritmo especial, y en muchos casos se activan operativos extraordinarios en albergues, transportes y dispositivos de seguridad. La ciudad se convierte en el epicentro espiritual de Europa, como ya lo fue durante siglos. Una experiencia más intensa (pero también más concurrida) Para algunos, hacer el Camino en Año Santo es una experiencia profundamente transformadora. Para otros, puede resultar abrumadora por la masificación y la dificultad de encontrar alojamiento en las etapas más populares. Por eso, es habitual que muchos peregrinos elijan rutas menos transitadas, como el Camino Primitivo, el de Invierno o la Vía de la Plata, para vivir el jubileo con más calma. También hay quienes prefieren recorrer el Camino de Santiago en los meses previos o posteriores, y llegar a la ciudad justo durante las celebraciones del 25 de julio, cuando se celebran la misa solemne en la catedral y los fuegos artificiales desde la Praza do Obradoiro. Camino, fe y ciclo El Año Santo Compostelano es, en esencia, una oportunidad: para caminar, para renovarse, para empezar de nuevo. No cambia el camino, pero sí la forma en que se vive. Cruzar la Puerta Santa y alcanzar el corazón de Compostela en ese año especial es, para muchos, el culmen de una experiencia física, emocional y espiritual. Con este artículo cerramos una serie pensada para acompañarte, inspirarte o simplemente informarte sobre la ruta jacobea. Pero el Camino de Santiago, como el propio Año Santo, siempre vuelve. Porque, como dice la tradición, no importa cuántas veces lo hagas: cada camino es distinto, porque cada vez eres tú el que ha cambiado.

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